Origireto 2019 Abril 1 – El préstamo

PirraSmith - Origireto2019 - El prestamo

Suelto un sonoro suspiro mientras miro los papeles que hay sobre la mesa del salón. Los hemos buscado y preparado mi madre y yo. Ella se encuentra sentada a mi lado, mirando también la documentación de hito en hito con una carpeta en la mano.

Preparar la documentación a presentar en el banco se trata de una parte esencial para conseguir el objetivo. La señora Elita nos lo había dejado muy claro en la conversación de la semana anterior. Con el listado que nos había dado en la mano reviso de nuevo que tengo todos los documentos necesarios. Ahora ya solo hay que ordenarlos.

Ser emprendedora no es tarea fácil pero llevo tiempo pensando en dejar ya los trabajos de mala muerte y dedicarme a mi pasión. Entre los ahorros que he conseguido viviendo en casa de mis padres mientras trabajo y una ayuda de mi madre tengo justo para la entrada del local, pero aún así necesito un poco más de dinero. Necesito ese préstamo.

Mi madre abre la carpeta con cierto entusiasmo y me pide el primer documento de la lista. Se lo paso y ella lo guarda con cuidado en la carpetilla de plástico. Seguimos así hasta tener todo guardado y ordenado. La mesa queda completamente vacía tras el caos desatado en la búsqueda y captura de los papeles correctos.

Mi madre y yo nos miramos. Todo listo.

— Ya está, esto es lo que tienes que entregar a la señora Elita.

Cojo la carpeta de sus manos y la guardo en mi bolso con las manos algo temblorosas. No es que tenga miedo de la señora Elita, más bien de lo que me puede decir una vez revise todo. Se ha mostrado siempre muy cariñosa y amable conmigo, como si fuera de la familia. Pero lo del préstamo del banco son palabras mayores, no me lo puede dar por el apego que sienta hacia mí. Tiene que ser objetiva.

Me levanto de la mesa y dirijo mis pasos a la entrada donde están mi gorro y mi bufanda de la suerte. De un color rojo intenso, siempre han ido conmigo cuando necesitaba un poco de arrojo extra. Me dan confianza en mí misma. Y espero que me ayuden a conseguir buenos resultados.

— Adiós mamá —nos damos dos besos como si nos despidiéramos por mucho tiempo, pero simplemente es su forma de darme apoyo.
— Adiós Charlotte, ten cuidado en el camino, que la sucursal de la señora Elita está en medio de Madrid, ya sabes —me recuerda por milésima vez—. Ve directa sin pararte a hablar con nadie y cuando entres pregunta directamente por ella en información.
— Sí mamá —contesto sonriente.

Me enfundo el abrigo, la bufanda y el gorro; cojo el bolso con la documentación y me lo pongo al hombro. Salgo por la puerta y echo a andar escaleras abajo girándome para dar una última despedida a mi madre con la mano y lanzar un beso al aire que ella atrapa y se lleva al corazón. Ni que me fuera a la guerra, pero esto es muy importante para ambas.

Camino hasta la parada de metro más cercana a casa, bajo las escaleras mecánicas y me paro delante del mapa con todas las estaciones. Tengo que hacer dos transbordos, creo.

Mientras voy resiguiendo las diferentes opciones de ruta con el dedo contando paradas y pensando cuánto tiempo me llevará cada una, noto una presencia detrás de mí.

Me giro para ver de quién se trata y veo a un hombre alto y moreno vestido de traje con corbata. Me suena de algo pero no soy capaz de ubicarlo en algún recuerdo.

— ¿Necesita ayuda señorita? —me pregunta.
— ¡Oh! Sí… ¿podría decirme como puedo llegar a la estación de Sol desde aquí?

El extraño sonríe mirándome a los ojos y después los baja hasta mis labios, de repente me siento algo incómoda. Cambia su mirada al mapa y me indica la ruta con solo un transbordo.

— Gracias señor.
— No hay por qué darlas —me contesta—. Que tenga un buen día señorita.
— Igualmente —contesto mientras veo como se aleja para pasar entre los tornos de la entrada.

Ahora tengo que comprar el billete, dudo pero resulta más sencillo de lo que parece en un principio. Con pasos cortos pero decididos inicio mi camino a Sol.

El camino se me hace largo. De la hora que tenía calculada he pasado a prácticamente hora y media para llegar. Quizás sea un camino más fácil para no perderme pero no merece la pena añadir media hora al trayecto por ello.

Al salir de la estación ubico la calle y echo a andar hasta el número 26. Cuando me acerco me recibe una fachada demasiado moderna incrustada en las viejas paredes del edificio con una gran estatua de piedra a uno de los lados.

Paso por una primera puerta manual y luego tengo que cruzar el control. Entro tal cual y espero que las pocas monedas que llevo en el monedero no hagan saltar la alarma. No estoy acostumbrada a ir en persona al banco, normalmente hago todo por internet, pero esta no es una de esas cosas que se puedan hacer así.

Todo sale bien y puedo pasar por fin al interior del edificio, me quito el gorro, me aflojo la bufanda y me desabrocho el abrigo, se nota que dentro tienen puesta la calefacción.

Información está al lado de la puerta, hago la cola y cuando llega mi turno pregunto:

— ¿Podría ver a la señora Elita?
— Lo sentimos mucho ahora mismo está en una reunión para cualquier tipo de transacción pase a una de las mesas según el orden del cartel —me señala la pantalla grande con números en medió del espacio de la entrada—. Puedes coger número allí.
— Muchas gracias —contesto cabizbaja.

Pensaba que la señora Elita me atendería personalmente pero claro, tiene un montón de trabajo y no puede dedicarse a mí solo por ser conocida. Tomo número y me pongo a esperar junto al resto de la gente. Cuando llega mi turno marca la mesa dos, me acerco allí y cuál es mi sorpresa al ver que el hombre al otro lado es el extraño del metro. Miro el cartel de su mesa, pone “Sr. Lobo”, así que ese es su apellido.

Me anima a sentarme con un ademán señalando la silla. Lo miro con recelo pues me indicó el camino que más tiempo tardaba en llegar. Él responde a mi titubeo con una elegante sonrisa, llena de unos perfectos dientes alineados blanquísimos. Una sonrisa reconfortante que invita a confiar en el otro, seguro que le es muy útil en un puesto como el suyo.

— Buenos días señorita… —deja la frase a medias para que la termine.
— Charlotte Perrault — contesto.
— Charlotte, ¿en qué puedo ayudarla?
— Venía a hablar con la señora Elita por el tema de un préstamo.
— Perfecto, puedo ayudarla con eso si lo desea, déjeme la documentación.

Saco la carpetilla con todo lo que nos dijo la señora Elita que teníamos que llevar, incluido el cheque de mis padres con su ayuda. Es en lo primero que se fija el señor Lobo. Lo pasa por una máquina, teclea algunas cosas en el ordenador y hace un ruidito de desaprobación.

— ¿Qué pasa? — pregunto desconcertada ante el ruidito.
— Esto que me ha entregado, señorita, es un cheque sin fondos.
— ¡No puede ser! Me lo han dado mis padres esta misma mañana.
— ¿Quizás quiera ampliar la cantidad del préstamo? — me pregunta sin hacer caso a lo del cheque.

Me quedo algo cohibida, no quiero ser insistente con el tema del cheque. Quizás mamá se ha equivocado poniendo un cero de más o una coma donde tenía que poner un punto, pienso.

— ¿Cómo sería entonces el préstamo?
— Podríamos hacerle nuestro préstamo emprendedor, es el más competidor en el mercado ahora mismo — me entrega un folleto que tiene a un lado de su mesa.
— ¿Con este tipo de interés?
— El mejor.
— ¿Y el % TAE?
— En el mercado no hay otro mejor.
— ¿A tipo fijo?
— Antes que variable, por supuesto, mucho mejor.

Tengo la sensación de que hay algo oculto tras las palabras del señor Lobo. Me mira con los ojos muy abiertos como si fuera un plato delicioso que está a punto de comerse. Dudo si seguir hablando con él y adelante con el préstamo o esperar a que la señora Elita me atienda tras la reunión. Me agobia un poco que el señor Lobo me esté mirando tan intensamente.

— Creo… creo que voy a esperar a que me atienda la señora Elita, disculpe las molestias señor Lobo.

Hago el ademán de levantarme de la mesa pero él se levanta conmigo y me toma por el codo como si tuviéramos confianza.

— La señora Elita está muy ocupada como para entretenerse con este tipo de actividades — dice rechinando los dientes.

No sé muy bien que hacer estamos los dos de pie en medio de las demás mesas de madera. Mi cuerpo me pide terminar con ese bochorno y sentarme para seguir con el tema pero mi cabeza va a mil y solo quiere alejarse del señor Lobo.

Por suerte alguien se acerca por detrás.

— ¿Va todo bien?

Ambos nos giramos hacia la voz. Corresponde a otro caballero de pelo castaño y ojos verdes que se acerca a nosotros. Los dos hombres se saludan con un movimiento de cabeza. Da la sensación de no ser demasiado buenos amigos.

— Si — contesto yo—, solo le explicaba al señor Lobo que quería hablar con la señora Elita sobre un préstamo…
— Perfecto — me corta él—. Acompáñeme al despacho de la señora Elita, si no está puede esperarla allí.

Con un gesto me indica el camino y me acompaña hasta una puerta detrás de todas las mesas para atender clientes. En el centro de ésta hay un cartel en el que figura el nombre «Abundancia Elita – Directora». Golpea la puerta con suavidad y se oye una voz dulce al otro lado. ¡Ha debido salir ya de la reunión!

Abre la puerta para mí y me deja pasar primero.

— Señora Elita esta señorita dice que tiene que hablar con usted.
— ¡Oh Charlotte! Sí, es una visita para mi, gracias Kaza — le sonríe amablemente.

Me fijo entonces en la chapa que lleva en la chaqueta «Sr. D’Or».

— Gracias señor D’Or.
— No hay de qué.

Hace un gesto con la cabeza, a modo de despedida y nos deja a las dos solas en su despacho. Con la señora Elita me siento como en casa, como si fuera alguien de la familia.

— Señora Elita, el señor Lobo me ha dicho que el cheque que me ha dado mi madre esta mañana no tiene fondos.

Lo busco en mi carpeta de documentación ya desordenada. Como no lo encuentro me empiezo a poner algo nerviosa.

— No te preocupes Charlotte, seguro que ha sido un error del señor Lobo. Vamos a ver esa carpeta en mi mesita y revisamos el cheque.

Una hora después salgo con mi flamante préstamo y una sonrisa de oreja a oreja. Gracias a la señora Elita puedo por fin hacer mi gran sueño realidad.

Relato 7 “El préstamo”
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