Origireto 2019 Abril 1 – El préstamo

PirraSmith - Origireto2019 - El prestamo

Suelto un sonoro suspiro mientras miro los papeles que hay sobre la mesa del salón. Los hemos buscado y preparado mi madre y yo. Ella se encuentra sentada a mi lado, mirando también la documentación de hito en hito con una carpeta en la mano.

Preparar la documentación a presentar en el banco se trata de una parte esencial para conseguir el objetivo. La señora Elita nos lo había dejado muy claro en la conversación de la semana anterior. Con el listado que nos había dado en la mano reviso de nuevo que tengo todos los documentos necesarios. Ahora ya solo hay que ordenarlos.

Ser emprendedora no es tarea fácil pero llevo tiempo pensando en dejar ya los trabajos de mala muerte y dedicarme a mi pasión. Entre los ahorros que he conseguido viviendo en casa de mis padres mientras trabajo y una ayuda de mi madre tengo justo para la entrada del local, pero aún así necesito un poco más de dinero. Necesito ese préstamo.

Mi madre abre la carpeta con cierto entusiasmo y me pide el primer documento de la lista. Se lo paso y ella lo guarda con cuidado en la carpetilla de plástico. Seguimos así hasta tener todo guardado y ordenado. La mesa queda completamente vacía tras el caos desatado en la búsqueda y captura de los papeles correctos.

Mi madre y yo nos miramos. Todo listo.

— Ya está, esto es lo que tienes que entregar a la señora Elita.

Cojo la carpeta de sus manos y la guardo en mi bolso con las manos algo temblorosas. No es que tenga miedo de la señora Elita, más bien de lo que me puede decir una vez revise todo. Se ha mostrado siempre muy cariñosa y amable conmigo, como si fuera de la familia. Pero lo del préstamo del banco son palabras mayores, no me lo puede dar por el apego que sienta hacia mí. Tiene que ser objetiva.

Me levanto de la mesa y dirijo mis pasos a la entrada donde están mi gorro y mi bufanda de la suerte. De un color rojo intenso, siempre han ido conmigo cuando necesitaba un poco de arrojo extra. Me dan confianza en mí misma. Y espero que me ayuden a conseguir buenos resultados.

— Adiós mamá —nos damos dos besos como si nos despidiéramos por mucho tiempo, pero simplemente es su forma de darme apoyo.
— Adiós Charlotte, ten cuidado en el camino, que la sucursal de la señora Elita está en medio de Madrid, ya sabes —me recuerda por milésima vez—. Ve directa sin pararte a hablar con nadie y cuando entres pregunta directamente por ella en información.
— Sí mamá —contesto sonriente.

Me enfundo el abrigo, la bufanda y el gorro; cojo el bolso con la documentación y me lo pongo al hombro. Salgo por la puerta y echo a andar escaleras abajo girándome para dar una última despedida a mi madre con la mano y lanzar un beso al aire que ella atrapa y se lleva al corazón. Ni que me fuera a la guerra, pero esto es muy importante para ambas.

Camino hasta la parada de metro más cercana a casa, bajo las escaleras mecánicas y me paro delante del mapa con todas las estaciones. Tengo que hacer dos transbordos, creo.

Mientras voy resiguiendo las diferentes opciones de ruta con el dedo contando paradas y pensando cuánto tiempo me llevará cada una, noto una presencia detrás de mí.

Me giro para ver de quién se trata y veo a un hombre alto y moreno vestido de traje con corbata. Me suena de algo pero no soy capaz de ubicarlo en algún recuerdo.

— ¿Necesita ayuda señorita? —me pregunta.
— ¡Oh! Sí… ¿podría decirme como puedo llegar a la estación de Sol desde aquí?

El extraño sonríe mirándome a los ojos y después los baja hasta mis labios, de repente me siento algo incómoda. Cambia su mirada al mapa y me indica la ruta con solo un transbordo.

— Gracias señor.
— No hay por qué darlas —me contesta—. Que tenga un buen día señorita.
— Igualmente —contesto mientras veo como se aleja para pasar entre los tornos de la entrada.

Ahora tengo que comprar el billete, dudo pero resulta más sencillo de lo que parece en un principio. Con pasos cortos pero decididos inicio mi camino a Sol.

El camino se me hace largo. De la hora que tenía calculada he pasado a prácticamente hora y media para llegar. Quizás sea un camino más fácil para no perderme pero no merece la pena añadir media hora al trayecto por ello.

Al salir de la estación ubico la calle y echo a andar hasta el número 26. Cuando me acerco me recibe una fachada demasiado moderna incrustada en las viejas paredes del edificio con una gran estatua de piedra a uno de los lados.

Paso por una primera puerta manual y luego tengo que cruzar el control. Entro tal cual y espero que las pocas monedas que llevo en el monedero no hagan saltar la alarma. No estoy acostumbrada a ir en persona al banco, normalmente hago todo por internet, pero esta no es una de esas cosas que se puedan hacer así.

Todo sale bien y puedo pasar por fin al interior del edificio, me quito el gorro, me aflojo la bufanda y me desabrocho el abrigo, se nota que dentro tienen puesta la calefacción.

Información está al lado de la puerta, hago la cola y cuando llega mi turno pregunto:

— ¿Podría ver a la señora Elita?
— Lo sentimos mucho ahora mismo está en una reunión para cualquier tipo de transacción pase a una de las mesas según el orden del cartel —me señala la pantalla grande con números en medió del espacio de la entrada—. Puedes coger número allí.
— Muchas gracias —contesto cabizbaja.

Pensaba que la señora Elita me atendería personalmente pero claro, tiene un montón de trabajo y no puede dedicarse a mí solo por ser conocida. Tomo número y me pongo a esperar junto al resto de la gente. Cuando llega mi turno marca la mesa dos, me acerco allí y cuál es mi sorpresa al ver que el hombre al otro lado es el extraño del metro. Miro el cartel de su mesa, pone “Sr. Lobo”, así que ese es su apellido.

Me anima a sentarme con un ademán señalando la silla. Lo miro con recelo pues me indicó el camino que más tiempo tardaba en llegar. Él responde a mi titubeo con una elegante sonrisa, llena de unos perfectos dientes alineados blanquísimos. Una sonrisa reconfortante que invita a confiar en el otro, seguro que le es muy útil en un puesto como el suyo.

— Buenos días señorita… —deja la frase a medias para que la termine.
— Charlotte Perrault — contesto.
— Charlotte, ¿en qué puedo ayudarla?
— Venía a hablar con la señora Elita por el tema de un préstamo.
— Perfecto, puedo ayudarla con eso si lo desea, déjeme la documentación.

Saco la carpetilla con todo lo que nos dijo la señora Elita que teníamos que llevar, incluido el cheque de mis padres con su ayuda. Es en lo primero que se fija el señor Lobo. Lo pasa por una máquina, teclea algunas cosas en el ordenador y hace un ruidito de desaprobación.

— ¿Qué pasa? — pregunto desconcertada ante el ruidito.
— Esto que me ha entregado, señorita, es un cheque sin fondos.
— ¡No puede ser! Me lo han dado mis padres esta misma mañana.
— ¿Quizás quiera ampliar la cantidad del préstamo? — me pregunta sin hacer caso a lo del cheque.

Me quedo algo cohibida, no quiero ser insistente con el tema del cheque. Quizás mamá se ha equivocado poniendo un cero de más o una coma donde tenía que poner un punto, pienso.

— ¿Cómo sería entonces el préstamo?
— Podríamos hacerle nuestro préstamo emprendedor, es el más competidor en el mercado ahora mismo — me entrega un folleto que tiene a un lado de su mesa.
— ¿Con este tipo de interés?
— El mejor.
— ¿Y el % TAE?
— En el mercado no hay otro mejor.
— ¿A tipo fijo?
— Antes que variable, por supuesto, mucho mejor.

Tengo la sensación de que hay algo oculto tras las palabras del señor Lobo. Me mira con los ojos muy abiertos como si fuera un plato delicioso que está a punto de comerse. Dudo si seguir hablando con él y adelante con el préstamo o esperar a que la señora Elita me atienda tras la reunión. Me agobia un poco que el señor Lobo me esté mirando tan intensamente.

— Creo… creo que voy a esperar a que me atienda la señora Elita, disculpe las molestias señor Lobo.

Hago el ademán de levantarme de la mesa pero él se levanta conmigo y me toma por el codo como si tuviéramos confianza.

— La señora Elita está muy ocupada como para entretenerse con este tipo de actividades — dice rechinando los dientes.

No sé muy bien que hacer estamos los dos de pie en medio de las demás mesas de madera. Mi cuerpo me pide terminar con ese bochorno y sentarme para seguir con el tema pero mi cabeza va a mil y solo quiere alejarse del señor Lobo.

Por suerte alguien se acerca por detrás.

— ¿Va todo bien?

Ambos nos giramos hacia la voz. Corresponde a otro caballero de pelo castaño y ojos verdes que se acerca a nosotros. Los dos hombres se saludan con un movimiento de cabeza. Da la sensación de no ser demasiado buenos amigos.

— Si — contesto yo—, solo le explicaba al señor Lobo que quería hablar con la señora Elita sobre un préstamo…
— Perfecto — me corta él—. Acompáñeme al despacho de la señora Elita, si no está puede esperarla allí.

Con un gesto me indica el camino y me acompaña hasta una puerta detrás de todas las mesas para atender clientes. En el centro de ésta hay un cartel en el que figura el nombre «Abundancia Elita – Directora». Golpea la puerta con suavidad y se oye una voz dulce al otro lado. ¡Ha debido salir ya de la reunión!

Abre la puerta para mí y me deja pasar primero.

— Señora Elita esta señorita dice que tiene que hablar con usted.
— ¡Oh Charlotte! Sí, es una visita para mi, gracias Kaza — le sonríe amablemente.

Me fijo entonces en la chapa que lleva en la chaqueta «Sr. D’Or».

— Gracias señor D’Or.
— No hay de qué.

Hace un gesto con la cabeza, a modo de despedida y nos deja a las dos solas en su despacho. Con la señora Elita me siento como en casa, como si fuera alguien de la familia.

— Señora Elita, el señor Lobo me ha dicho que el cheque que me ha dado mi madre esta mañana no tiene fondos.

Lo busco en mi carpeta de documentación ya desordenada. Como no lo encuentro me empiezo a poner algo nerviosa.

— No te preocupes Charlotte, seguro que ha sido un error del señor Lobo. Vamos a ver esa carpeta en mi mesita y revisamos el cheque.

Una hora después salgo con mi flamante préstamo y una sonrisa de oreja a oreja. Gracias a la señora Elita puedo por fin hacer mi gran sueño realidad.

Relato 7 “El préstamo”
#OrigiReto2019 de Stiby & Katty

OBJETIVO 12 (VERSIÓN PROPIA DE CUENTO CONOCIDO: CAPERUCITA), ESCRITO EN PRESENTE, PRIMERA PERSONA, CONTIENE ESTATUA DE PIEDRA (36) Y CHEQUE SIN FONDOS (5), MUJER PROTAGONISTA, CUMPLE BECHDEL, 1866 PALABRAS.

Tres cervezas y media (II) – Relato

PirraSmith - Tres cervezas y media

Necesitaba a alguien con quien hablar del tema, pero me daba miedo que mis amigas me juzgaran. Al final decidí meterme en un chat online bajo un nombre claramente falso para preguntar a otras lesbianas qué podía hacer con lo confusa que me encontraba. Alguna de ellas me dijo que si quería probarlo con ella primero, incluso con ella y su marido; pero no me gustaban las mujeres en general. Yo la quería a ella. A mi Sofía.

Jajaja, «mi» Sofía, como si fuera algo más que alguien de mi equipo. Además de eso justo, que aparte de ser una relación lésbica que jamás había experimentado, ella formaba parte de mi equipo en la empresa.

Sofía llenaba mi cabeza más tiempo del que me gustaría. Me dieron un buen consejo al final en el chat: invitarla a tomar algo después del trabajo y tantear el terreno, las dos solas.

Una semana después de aquel consejo y tras varios intentos frustrados conseguí quedarme a solas con ella unos minutos repasando unos informes. Al terminar, mientras ordenábamos los papeles que habíamos dejado por toda la mesa mea animé a preguntarle aquella frase que había ensayado delante del espejo cientos de veces.

— Sofía, ¿te apetece tomar una copa después del trabajo? —me tembló un poco la voz pero esperé que ella no lo notara.
— ¿Hoy? —me contestó ella con otra pregunta, en un monosílabo.
— Sí, claro, ¿por qué no? —yo deseaba que fuera hoy pero tampoco quería des demasiado insistente.
— Vale, ¿qué te parece si vamos al irlandés dos calles más allá?

Odiaba ese sitio.

— ¡Perfecto! Nos vemos luego —apreté los papeles contra mi pecho para que no se notaran mis nervios y me marché a mi despacho donde, al cerrar la puerta, pegué un saltito de alegría. Dejé el taco de papeles sobre la mesa. Estaba demasiado nerviosa porque me hubiera dicho que sí.

La siguiente hora fui al baño como tres o cuatro veces para comprobar que estaba decente  y que tenía el maquillaje en su sitio. Todo estaba en su lugar cada vez que había mirado. ME sentía ingenua como una quinceañera en su primera cita. La hora de salir de la oficina llegó y decidí escribir un último e-mail antes de ir a buscar a Sofía para no parecer excesivamente interesada en nuestra cita. Bueno, cita para mí, y quedada con la jefa para ella. Pero no me dio tiempo a terminarlo.

Sofía golpeó en mi puerta tímidamente y abrió una rendija para preguntar:

— ¿Lista Mari Ángeles? —con una sonrisa que me hizo olvidar qué y a quién estaba escribiendo el e-mail.
— Dame un par de minutos para terminar esto y salimos —acerté a decir sin tartamudear y manteniendo la compostura.
— Vale, te espero en el vestíbulo —dijo antes de desaparecer por la puerta.

Le di a guardar al borrador del email que estaba escribiendo, ya lo terminaría otro día, no era nada urgente. Cogí mi abrigo y por primera vez en mi vida dejé los papeles tal cual en vez de guardarlo todo religiosamente. Pasé por el baño una última vez para comprobar que todo seguía en su sitio y retocarme el pintalabios para verme mejor y sentirme más segura. El rojo siempre me daba el coraje suficiente como para hacer cosas por primera vez, cosas que me daban miedo o situaciones en las que podía hacer el ridículo y esta cumplía con todas.

Bajé al vestíbulo y allí estaba ella hablando con el de seguridad. Me dio un pequeño ataque de celos ante las sonrisas que compartían. Carlos, el de seguridad, era un buenorro genérico: el típico tío de gimnasio que estaba bien para un polvo pero en realidad no era una idea inteligente si luego tenías que encontrártelo todos los días al entrar al trabajo.

— ¡Sofía! —llamé.

Ella se despidió raudamente de Carlos pasando su mano por el antebrazo de él y dedicándole una sonrisa. Esta chica era más heterosexual que yo antes de conocerla, pensé. Jamás se tomaría bien los avances por mi parte. Mi inseguridad hablaba y yo sabía que no debía darle espacio, que hoy era un día para tantear los posibles intereses de Sofía para evaluar un posible acercamiento o no, dependiendo de sus respuestas y acciones.

Salimos del edificio y caminamos cuesta abajo, brazo con brazo, por el frío que había.

— Entonces ¿el irlandés? —preguntó Sofía yo creo que para dar conversación durante el camino y romper el hielo.
— Sí, claro. Como habíamos quedado. Podemos tomarnos un par de cervezas y luego si quieres compartimos taxi a casa —contesté sabiendo que con dos cervezas Sofía podía acabar achispada y no quería que nadie se aprovechara de ella, nadie que no fuera yo al menos…
— Suena bien, me encanta la cerveza negra —confesó con una sonrisa.
— Yo soy más de rubia — contesté pensando en la cerveza y en su precioso pelo que hoy llevaba suelto.

Ojalá pudiera sentir ese pelo sobre mi cuerpo.

¡No debía pensar esas cosas! Me dije a mi misma. Mientras hablaba conmigo misma me perdí la pregunta de Sofía.

— ¿Qué? —pregunté un poco desconectada de la conversación.
— Que me gusta mucho que me hayas invitado a un afterwork para conocer mejor, eso decía — sonriendo abiertamente con aquellos dientes blanco y perfectamente alineados, producto probablemente de haber llevado aparato en su juventud.
— Y además en mi sitio favorito — dijo a la vez que entrelazaba su brazo con el mío mientras esperábamos que el semáforo se pusiera en verde.

El gesto me dejó un poco en shock porque nunca se había tomado ese tipo de confianzas en la oficina, pero la verdad es que sí hacía mucho frío y así nos manteníamos algo más calientes. Aunque si ella supiera del calor que tenía yo por la situación y todo lo que podía llegar a pasar próximamente seguro que no se acercaría así de esa manera a mí. Cruzamos la avenida grande y nos metimos por las callejuelas hasta llegar al maldito irlandés que tanto odiaba, casi tanto como me disgustaba la cerveza. Pero por Sofía, por la posibilidad de tener algo con ella iría caminando al infierno. De hecho me sentía como si estuviera haciendo ese mismo camino porque si le expresaba mi interés y ella me mandaba  pastar y luego lo comentaba en la oficina, ya podía ir buscándome otro lugar donde trabajar.

Pero merecía la pena el riesgo porque…

¿Y si pretendía mis atenciones? ¿Y si sus sonrisas que me habían parecido coqueteo, lo eran? ¿Podrían ser sus roces inocentes al coger un informe o los bolígrafos señales que me había estado mandando de su interés por mí?

…continuará

Tres cervezas y media (I)- Relato

PirraSmith - Tres cervezas y media

Jamás me hubiera creído, si me lo hubieran contado años o meses antes, que me sentiría atraída por otra mujer. Yo, heterosexual de pies a cabeza, con una lista de conquistas nada desdeñable me empezaba a poner nerviosa ante la presencia de ella…

Tan guapa como descuidada con su aspecto, llevaba coleta la mitad de los días por no arreglarse el pelo probablemente y se ponía algo de rimmel, lo que hacía sus preciosos ojos castaños aún más grandes. No era una fan de la moda, llevaba siempre conjuntos, muy bonitos; pero siempre repetidos.

Me encantaría llevarla de compras y poder disfrutar de ver su pequeño y delicioso cuerpo ceñido por ropa mucho más ajustada de la que solía llevar, como queriendo esconder esas curvas que se adivinaban entre las anchas ropas que solía usar.

Me reprendí a mi misma por pensar de esa forma. Yo pensaba así de los hombres, tíos musculosos y muy varoniles. Con sus manos grandes  y uñas cortas no pequeñas y delicada como las de Ella. Me costaba decir su nombre hasta en el pensamiento porque eso me convertía en otra tipo de persona. Alguien a quien le gustaban las chicas… una lesbiana… ¿una bisexual?

Todo este tiempo había disfrutado de los hombres y el sexo con ellos.

De sus manos grandes sobre mi cuerpo de su peso sobre mí, de su culo y por supuesto, de su polla.

Que jamás me había corrido solo con el mete saca pero tampoco mis amigas lo habían hecho. El núcleo del placer femenino está en el clítoris, y sin tocarlo difícilmente hay orgasmo, Aunque tengo que reconocer que muchos hombre me habían puesto a punto con solo tocar mis puntos débiles: el cuello, los pezones, la zona entre mis muslos sin llegar más allá.

Pero ella… ¡ay ella!, se me secaba la boca solo de imaginarla desnuda y de que me hiciera ese tipo de cosas, o hacérselas yo. Tenía ganas de todo su cuerpo: de palparlo, chuparlo y lamerlo hasta llenarme con todo su sabor. Mi mente estaba pensando en comerse un coño y le parecía bien. ¡Qué digo bien! Lo estaba deseando. Y yo no entendía nada porque jamás me había pasado nada igual con otra mujer. Pero ella era especial. Tenía que admitirlo ante mí misma ne gustaba una chica y estaba completamente avergonzada de ello. Tampoco sabía como acercarme a ella sin parecer una acosadora, ya que yo era su jefa y quizás podía denunciarme a Recursos Humanos. A lo mejor ella era totalmente hetero y se molestaba por mis atenciones.

Necesitaba a alguien con quien hablar del tema, pero me daba miedo que mis amigas me juzgaran.

continua leyendo.

Origireto 2019 Marzo 2 – Visita al museo

PirraSmith - Visita al museo

El museo de los objetos malditos era especial. Daban la bienvenida unas puertas enormes de madera ajada de una iglesia maldita cuyo cartel decía:

«Traspasar las puertas del Santuario Madonna della Corona en Verona suponía una maldición de 3 años en las que ninguno conocería el amor recíproco»

Una vez dentro empezaron a aparecer muchos objetos de la edad pretecnológica. Cualquier cachivache y su leyenda me dejaba asombrada.

Había un trozo de tela amarillo con manchas que aparentemente se llamaba «Disfraz de Jirafa» aunque no se parecía a las jirafas que yo había visto a través del ansible*.

Me paré ante un botijo de Pyukee. La leyenda decía que si ponías el oído en la boca del objeto y escuchabas una música antigua llamada Rock caía una maldición sobre ti en la que te quedarías sordo para siempre.

— Qué leyenda más curiosa— dijo mi madre.

A ella le gustaba la música antigua. Seguro que si no hubiera estado el botijo en una carcasa de metacrilato habría puesto la oreja.

*Medio de comunicación en el juego de Ender y secuelas. Como Internet del futuro.

Microrrelato 6 “Visita al museo”
#OrigiReto2019 de Stiby & Katty

OBJETIVO 1 (BOTIJO), EN PRIMERA PERSONAS, CONTIENE DISFRAZ DE JIRAFA (2), MUJER (NIÑA) PROTAGONISTA, 983 CARACTERES.
LINKADO AL RELATO
https://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2019/03/relato-origireto2019-concierto-de-rock.html (NOMBRE DEL BOTIJO Y MÚSICA ROCK)

Origireto 2019 Marzo 1 – El espacio entre tú y yo

PirraSmith - Origireto2019 el espacio entre tu y yo pareja mayor sentada en un banco

A veces pienso en el espacio entre tú y yo. Ese que llenamos con conversaciones sobre qué tal nos ha ido el día. Con miradas largas de comprensión con las que nos decimos todo lo que no nos cabe en palabras. Y es que a veces al mirarte sé más de ti que al escucharte. Porque ya nos conocemos de mucho.

Ya llevamos 57 años aguantándonos el uno al otro. Y no me canso de ti. Sé que esto es aquello de lo que hablaban cuando nombraban al amor verdadero. Las hemos pasado muy putas, y también muy buenas.

Hemos cambiado mucho desde que nos conocimos, nos hicimos novios y nos casamos. Hemos cambiado de década juntos 7 veces. Miro una de nuestras fotos de hace años, una vieja polaroid en blanco y negro. Estás tan guapo con tus hombros recios, el bigote señorial y aquella sonrisa pícara con hoyuelos.

Te asomas por encima de mi hombro y me preguntas:

— ¿Ya estás mirando esa vieja foto otra vez? –te ríes.
— Sí… estás tan guapo en esta foto y se nos ve tan felices…
— Ahora hemos acumulado muchos momentos de esos.
— Cierto.

Mueves tu mano hacia mi cintura y me abrazas con fuerza. Echamos de menos muchas cosas que no tenemos, muchas cosas que ocurrieron, pero aún nos tenemos el uno al otro después de todo, y eso es lo más importante.

De repente tu mano se cuela entre los pliegues de mi blusa y te das cuenta de que no llevo sujetador. Nunca lo he llevado para estar en casa. Rozas con tus dedos, con yemas duras por el trabajo de años y años, uno de mis pezones y haces que se me agite la respiración.

Hay cosas que cambian, otras cosas son siempre iguales y la excitación de que me toques siempre está ahí.

Sopesas mi pecho en tu mano, más caído que en la foto, aunque igual de lleno que entonces, quizás algo más por la ganancia de peso de los años. Levanto mi mano y rozo tu incipiente barba, siempre me ha parecido muy sexy. Gruñes dando a entender tus intenciones.

¿Sexo? ¿A media mañana? ¿Y por qué no? Total, no tenemos nada mejor que hacer.

Me levanto de la silla, te cojo de la mano y te llevo al dormitorio principal, a nuestra cama. Aún dormimos juntos. Aún nos acostamos. Cada uno se desviste por su parte, pero seguimos mirándonos intensamente como si fuéramos adolescentes. Nuestros cuerpos han cambiado, pero aún son capaces de sentir placer.

Nos metemos en la cama y nos abrazamos. Caen pequeños piquitos en los labios. Aquellos besos tórridos pasaron a mejor vida con los años, ahora los pequeños contactos entre los labios son mejores y más apreciados.

— ¿Preparado? —le pregunto.
— Deja que…

Se vuelve a por algo en su cajón y se toma la pastillita. Tenemos 15 minutos de preliminares para mí antes de que él esté a tono para poder jugar. Yo cojo el lubricante de mi cajón y se lo doy. Él se echa un poco en la mano y baja hasta mi entrepierna. Utiliza los dedos con suavidad para repartir el lubricante por las zonas más importantes de mi anatomía.

Se regodea con el nudo de nervios que es mi clítoris haciendo pequeños círculos y dando algunos toquecitos. Moviendo el dedo en sentido vertical y luego más círculos… me entran los calores. El lubricante es necesario pero su maestría y experiencia sabiendo lo que me gusta y lo que me excita es lo que consigue llevarme a un estado de fogosidad en el que me vibra el corazón algo más fuerte de lo normal. Introduce un dedo dentro de mí y luego otro con un vaivén rítmico que se asemeja a cuando lo hacemos.

Toca ese punto dentro de mí que me hace cosquillas. Ese que descubrimos una vez, en una noche de pasión.

Disfruto de sus caricias por unos minutos. Su dedicación a mí por completo en esos momentos me vuelve loca, solo le importa mi placer, nada más. Antes de que siga le tomo la mano y la saco de dentro de mí lentamente. Me giro y saco de mi cajón una pluma.

Me siento sobre él poniendo en contacto sus genitales y los míos. Él empieza a despertar poco a poco, no es que la pastillita sea completamente necesaria pero si hace las cosas más fáciles.

Mientras me rozo contra su pene masturbándome contra su cuerpo voy pasando la pluma por su pecho estimulando diferentes zonas con mis caricias.

— Cierra los ojos –le pido.

Pongo sus manos a los lados de su cabeza y sigo explorando su cuerpo con la pluma, poco a poco, haciendo que las cosquillas y la excitación vayan poco a poco haciendo crecer su pene bajo mi cuerpo.

En el momento en que noto su erección y antes de que se dé cuenta le introduzco dentro de mi. Los dos gemimos sonoramente, nos reímos. Parecemos adolescentes con esos sonidos. Me empiezo a mover con cierta cadencia sobre él introduciendo y sacándolo de mí poco a poco, suavemente y cada vez un poquito más rápido.

Al rato pierdo fuelle e intercambiamos posiciones, él encima y yo debajo.

Utiliza sus fuertes brazos para separar un poco más mis piernas y poder entrar hasta el fondo de una estocada. Yo gimo aún más fuerte. Se apoya sobre los codos, dejando algo de su peso sobre mi y empieza un mete saca rítmico que los dos disfrutamos. Voy notando como me va a llegar el orgasmo con cada arremetida y el roce de su cuerpo contra mí.

— Ya… casi… estoy… –aviso entre estocadas, gimiendo y respirando fuertemente debido a la excitación.

El orgasmo me sobreviene como una oleada desde los dedos de los pies hasta el pecho. Noto los espasmos de mi vagina apretando su pene, exprimiéndolo como si quisiera sacar otro orgasmo de él, y lo consigue. Poco después de que haya acabado él empieza a entrar y salir más rápido, se le nota el esfuerzo por contenerse  un poco para hacer más duradera la sensación antes del éxtasis, pero no es el joven que era antes y explota dentro de mí, llenándome.

Se deja caer a un lado tras el orgasmo y me mira con los ojos brillantes. Alza una mano y me coloca un mechón de pelo detrás de la oreja.

— Si nuestros nietos supieran que hacemos estas cosas… —dice riéndose.
— Si lo supieran nuestros hijos… —le contesto riéndome también.

No es algo habitual, pero todavía tenemos ese deseo el uno por el otro. A pesar de que nuestros cuerpos no son lo que eran, a pesar de necesitar ayuda externa. Nos amamos aún, y también nos deseamos. Y el espacio entre tú y yo se hace cada vez más pequeño.

Relato 5 “El espacio entre tu y yo”
#OrigiReto2019 de Stiby & Katty

Objetivo 13, escrito en presente, primera persona, contiene foto vieja polaroid y pluma (23 y 15), tema relato erótico, mujer protagonista, 1.129 palabras.

Origireto 2019 Febrero 2 – ¿Es que no lo ves?

PirraSmith - Es que no lo ves - mujer tapando los ojos a otra mujer sonriendo

– ¿Es que no lo ves? –pregunté.
– ¿Qué es lo que no veo? –me preguntó.
– Ayer, con Miguel.

Amelia abrió mucho los ojos, dolida.

– Dijiste que no ibas a ir.
– Y no iba a hacerlo, pero al final me animé porque sabía que estarías tú… y estabas con la botella de ron en una mano y Miguel en la otra.

Me miró a los ojos, confusa. No sabía qué estaba haciendo. Yo era consciente de que se había dejado llevar por el momento, pero aquél beso  me llegó al corazón como un dardo envenenado.

– Lo besaste, ¡a Miguel!.
– Si, lo besé ¿y qué pasa?.

Abrí la boca anonadada. No podía ser, no podía estar tan ciega.

No le habíamos puesto nombre a lo nuestro, pero éramos novias. ¿Acaso un par de amigas se abrazan metiendo la mano por debajo de la ropa para sentirse más cerca? ¿Tal vez yo estaba equivocada y las amigas se besaban en la boca para saludarse o despedirse?

Siempre lo habíamos hecho en secreto, pero pensaba que era por el que dirán, que se mantendría fiel a nuestra relación.

¿Es que no lo ves?

Relato 4 “¿Es que no lo ves?”
#OrigiReto2019 de Stiby & Katty

Objetivo 14, escrito en presente, primera persona, contiene botella de ron (19), tema infidelidad, mujeres protagonistas, 988 caracteres.
Linkado al relato https://trastabiladas.blogspot.com/2019/01/noche-en-el-museo.html (nombres de los personajes)